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lunes, 28 de octubre de 2019

El tizón


Era las 4 de la tarde y Juan jugaba en el prado con su amigo, Maco. Maco medía unos 50 centímetros, de pelaje cobrizo, ojos profundos y sonrisa permanente. Juguetón empedernido e inquieto, casi no hablaba, pero decía tanto con su forma de moverse, de saltar y sujetarse de las ramas de los árboles
Maco era un artista, Juan no dudaba de ello. Aplaudía sus gracias y reía de sus caídas, aunque no eran muy comunes pues la agilidad de su amigo era incomparable. Sus 4 manos atenazaban aquello que le gustaba y empujaban, con mucha fuerza, a quien le molestaba. Tenía 4 manos, ¿cómo podría caerse con tantas herramientas para sujetarse, mientras jugaba, saltaba y comía semillas con sabor a madera?
A Juan no le agradaba el sabor de lo que Maco comía, pero a Maco le gustaba mucho robarle los manjares a su joven amigo. Más de una vez lo había dejado sin comida, y, claro, por la distancia a la que estaban del pueblo, ese ayuno se extendía durante todo el día.  Cuando robaba su comida, Maco permanecía en silencio todo el tiempo, trepaba muy alto y se escondía de su fiel amigo, a pesar de sus llamadas, tratando de que su voz no mostrara el coraje que le encendía por dentro por el abuso de confianza de su peludo amigo.
Maco era su amigo desde siempre. Sus años tenían huella de su amigo. Cada día era una novedad con aquel compañero de escuela. Y es que Juan no podía sentarse todos los días frente a un libro o un cuaderno pues el rebaño no se lo permitía. Pero, eso sí, aprendía algo todos los días con Maco o de él. Como aquella vez que Maco pescó en el riachuelo frío del valle Dulce. Claro que Maco no compartió con él aquel pez, se lo comió solo, allá arriba en la copa del árbol de aceitunas. Juan estaba prendiendo el fuego, pues era de una de esas jornadas de pastoreo que lo mantendrían fuera de casa. Aunque tenía su comida, la que le envío su madre para alimentarse, le habría gustado probar aquella rosada trucha.
Pocas veces Juan tenía que pernoctar junto al rebaño. Eran jornadas con una caminata larga en época de verano cuando el pasto se resecaba y el agua escaseaba. Entonces debían llevar al rebaño hacia el valle Dulce, como lo llamaba Juan. Abundaban las flores, los aromas a miel y vainilla, aunque también había abejas, esas guerreras amarillas con las que Maco no gustaba jugar pues siempre salía perdiendo. Alejarse de las abejas era una lección que Juan aprendió tras la primera vez que recibió un aguijonazo de una de ellas. Maco, en cambio, era un poco más testarudo y cada vez que encontraba un panal de abejas, buscaba la manera de robarles el fruto de su trabajo, aunque aquello le costase corretear por el prado o saltar de rama en rama huyendo de las furibundas dueñas de casa.
Cuidar del rebano no era tarea fatigada ni triste para Juan, siempre y cuando Maco estuviera con él. Contar las ovejas, estar atentos a aquellas que se alejaban para volverlas al aprisco y vigilar el horizonte por si algún cazador furtivo se acercaba. Como aquella tarde en que Maco permaneció inmóvil en la copa del abeto, sigiloso miraba hacia el mismo punto del horizonte durante un buen rato. Juan lo llamaba intentando que bajara a jugar con él, pero Maco no movía ni un músculo, hasta que, de pronto, su silencio se convirtió en un griterío cada vez más intenso. Sacudía furioso las ramas mientras miraba a Juan y apuntaba hacia las ovejas. Al principio Juan pensó que era una especie de juego o que Maco se encontró con abejas allá arriba. Pasaron eternos segundos hasta que Juan entendió que Maco había avistado una amenaza, un coyote quizá o tal vez un lobo. Asustado, Juan preparó su arma, la que había aprendido a disparar de su padre. Le temblaban las manos, su respiración era agitada y entrecortada, el silencio de la pradera solo era interrumpido por los gritos de Maco. Las ovejas pacían tranquilas, confiaban en su pastor, ni siquiera alzaban la vista del pasto dulce que saboreaban en cada mordisco. Juan, por el contrario, cada vez estaba más nervioso. La última vez que tuvo la visita inesperada de un animal peligroso, papá estaba ahí todavía con él, él manejaba el arma, él era el guardián, mientras Juan jugaba a ser pastor con Maco, correteando en la pradera, sin saber que papá lo estaba entrenando para reemplazarlo en poco tiempo…
Su padre sabía que estaba enfermo, su madre no podía dejar el hogar con su hermanita recién nacida, era Juan quien debía encargarse del rebano, del futuro de la familia. La única tarea que Juan tenía, cuando pastoreaba con papá, era la de mantener el fuego encendido y no dejar que se enfriara el rescoldo. Lo demás era juego, un aprendizaje implícito convertido en diversión de pradera.
Para el momento en que Juan avistó a su enemigo, Maco había descendido un poco, pero permanecía en el árbol, escandalosamente vigilante. El viento cambió de sentido y eso hizo que la fiera salvaje rodeara al rebaño para que su olor no delate a las ovejas y provoque una estampida, movimiento que lo colocó en línea recta frente a frente con Juan y su arma. El joven pastor quedó como único escudo entre su rebaño, el futuro de su familia, y la fiera silenciosa, salvaje y hambrienta. Uso el árbol como trinchera y esperó a que su enemigo ser acercase, ordenó a Maco callarse mientras apuntaba con el arma, recordó el entrenamiento, mantener firme el arma contra el hombro para evitar el culatazo, respirar antes de disparar y contener el aire al tirar del gatillo y volver a cargar, inmediatamente, sin dejar de apuntar para no perder de vista hacia dónde se mueve le enemigo.
Siguió el entrenamiento sin dudar, con Maco vigilante desde el árbol y las ovejas paciendo en calma. Retumbó en el valle el disparo, alterando a las aves de los árboles vecinos y obligando a algunas ovejas, las más jóvenes de hecho, a suspender por un momento su tranquila comida, alzar la cabeza buscando el origen del ruido e intentando correr asustadas. Pero las más viejas del rebano, la mayoría, también habían aprendido la lección que Juan acababa de poner en práctica: mantener la calma cuando el arma retumbaba, permanecer en sus lugares hasta escuchar del pastor alguna orden y seguir comiendo, plácidamente, si nada sucedía tras el tronido.
Su enemigo, herido gravemente, emprendió la retirada en busca de algún rincón para convertirse en comida de carroñeros en pocas horas.
Juan aseguró el arma y acarició la cabeza de un tembloroso y agitado Maco. “Todo está bien, amigo mío. Papá nos cuida, como cuando estaba aquí empuñando el arma”. Maco parecía entender a su joven amigo. Se acercaba la noche, Juan le dio a su ayudante una manzana fresca y jugosa. Y él, emprendió esa tarea para la que era un especialista: encender el fuego para pasar la noche vigilando del rebaño.

Al brillo de un tizón, mientras lo soplaba, recordó las palabras de su padre: “Ven, Juan, no dejes que el tizón pierda su brillo y su calor. Ayúdame a darle vida”.


Fábula, El Greco, 1600.

martes, 29 de noviembre de 2016

Chapecoense, campeón.

Y ¿qué es la vida, si al final, su hermana, la muerte, nos espera a todos, de camino a la eternidad?
A veces la vida es  solo un susurro, unos minutos en una termocuna y lágrimas por lo que pudo ser. Una vida que no crece duele tanto que marca la de muchos, a su alrededor, sin siquiera haber logrado sonreír una vez.
Otras, la vida es un contar, casi aburrido, de años y sonrisas, de batallas y dolores, de pérdidas y silencios. Y al final, la tumba fría cuenta cómo se la vivió, resumiendo, una vida entera, en una frase que alguien mira al pasar.
A veces, la vida termina abruptamente, en un terremoto, con un coche bomba, en medio de una guerra sin razón, en un asalto a mano armada… y con la sangre haciéndose tierra, las lágrimas se mezclan con gritos de dolor, angustia y desesperación. Y muchas veces esos nombres se hacen olvido porque nadie queda para recordarlos y volverlos a vivir.

Porque la vida a veces duele a desaparición.

Más hoy, es un equipo de gente de otro país, deportistas con una camiseta en el hombro y sobre ella el sueño de miles coreando una canción: “Campeón”. Así, como un sueño, como un deseo inconcluso, como la vida misma, cuando uno gana y el otro pierde, cuando uno vive y el otro muere.

Chapecó es una ciudad perdida en el mar de ciudades que no conoceremos nunca, ni de nombre, que no nos suenan a nada. Pero hoy, ese nombre nos duele, hace que nuestra alma vibre y duela, porque nos cuenta historias de jóvenes que, persiguiendo un balón ansiaban la gloria, levantar una copa y colgarse una medalla que les cuente a sus hijos de una hazaña venida de abajo, sin bulla exagerada y sin demasiada pretensión. Una medalla que los haga sonreír, más de una vez, mientras siguen viajando por la vida y la memoria, por el hoy vivido con sabor a dulce ayer…

Hoy, el idioma del fútbol se olvidó de los colores, de la fama y de la gloria efímera de un partido que muchos de nosotros no habríamos visto porque no nos importaba. Hoy la vida nos recuerda que perseguir la gloria no nos debe hacer olvidar que todo tiene un final.

Y quizá no podamos pronunciar sus nombres y no sabremos, de seguro, cómo duelen esos nombres en los labios de sus madres, de sus hijos, de sus padres, de sus esposas, de sus hinchas. Nos rodará una lágrima como homenaje al sueño, al deseo de vivir, a la entrega de unos desconocidos que volaban y no quisieron aterrizar.

Las alas de su avión se los llevaron a la gloria eterna, esa que sabe a alegría, a paz, a recuerdo y sueño cumplido. La gloria de los nombres que no se pueden pronunciar pero que no se olvidarán.

Hasta ayer no los conocíamos, no nos llamaban la atención. Hoy nos duelen como todos aquellos que caen en desastres, guerras y tragedias. Porque la vida, de vez en cuando, nos recuerda el valor de cada persona y no necesita de nombres, nacionalidad, color de piel ni cuentas de banco para mostrarnos cuánto vale cada uno.

Vivan siempre en la memoria de sus familias y de sus amigos, en la garganta rota de sus hinchas y en los cánticos de alegría. En nuestro respeto profundo.

Chapecoense, para siempre, de la vida, campeón

viernes, 18 de noviembre de 2016

Desde la azotea

Hay ciudades y gente, minúsculos transeúntes haciendo de la calles un camino, un destino y un sinsentido.

Hay ciudades que, a la carrera, forjan progreso, crean riqueza, mueven dinero... Ciudades progreso.

Hay ciudades pequeñas, pausadas, pasmadas en el hilo del tiempo, ciudades ancianas de 400 años  o más que se sientan todo el día a la sombra de una palmera y ven la vida pasar. Cuchichean y bromean. Ciudades chisme.

Las hay jóvenes y ambiciosas, que se maquillan cada mañana y se vuelven tentación para todo mortal. Ciudades lujo, ciudades estrella fugaz. Porque, para pedirles un deseo, hay que pagar.

Y cada una devora gente, la enferma, la vuelve estéril, la invita a vivir con sed y a querer más, siempre más. Nacen unos, mueren otros, pueblos fantasmas, junglas de cristal.

Jaulas de acero, peleas de perros por despuntar y ganar más. Ciudades bulla...

Pero desde acá, desde la azotea, a varios metros del asfalto agrietado y sucio, todo parece engranado, girando a su ritmo, bailando una balada vital. Ellos van y vienen, ellas se roban las miradas de los que vienen y van. Todos buscan un algo, una fe en que creer y por la cual luchar.

Parques sin miedo, parasoles para ganarle al sol unas horas de alegría, cervezas frías, gritos errantes, noches de lujuria, gritos de miedo, histeria, placer, terror, angustia... Silencio matinal.

Desde la azotea, la calma, sin vida, sin muerte. Correteo y paz.


jueves, 22 de septiembre de 2016

La Bestia!

Despertó en el fondo de una quebrada oscura y fría. No recordaba sus órdenes ni la misión encomendada, de hecho, no recordaba quién era ni porqué estaba ahí. Ante la falta total de luz, empezó a revisar sus bolsillos para ver si tenía algo con qué alumbrar las entrañas de aquel agujero y tratar de ubicarse.

Alzó la vista hacia lo que él creía era el vasto universo y sólo halló silencio y soledad.
Ni siquiera podía distinguir sus manos. Al cabo de un rato descubrió que tenía una mochila que le servía de almohada. La abrió poco a poco y una sonrisa se le dibujó en el rostro. Había una botella con agua, la abrió y bebió sorbos cortos, como si fuera vino, como si quisiera adivinar en qué cava había sido fermentado.

Halló también un par de barras de luz química y sintió como si descubriera una mina de oro. Aunque no hizo falta encenderlas, de pronto y tras un bramido ensordecedor, una luz potente y cegadora recorrió aquel otrora oscuro firmamento. Se acurrucó lo que más pudo pues se sintió rastreado ante el avance de aquella mirada y recordó, inmediatamente, que había estado en misión secreta cuando resbaló por una quebrada, en el trayecto perdió el casco de combate y se golpeó la cabeza. Lo demás era recuerdo reciente, despertarse, la oscuridad, el silencio...

No todo era mala suerte, con el resplandor aquel, que ahora había cesado, logró avistar su casco y su arma que estaban a escasos metros de su escondite. Empezó a caminar guiado por la tenue luz química y cayó en un charco de aguas putrefactas... o quizá era sangre de aquella bestia extraterrestre y, aunque no lo recordaba, quizá en su caída la hirió mortalmente y por eso la luz cegadora lo buscaba.

El bramido nuevamente y la luz una vez más iluminó aquel valle oscuro. Ahora pudo divisar mejor el corazón de aquel ser extraño. Sin duda no era de este planeta. Tenía las entrañas llenas de basura y restos de lo que, parecía ser, esqueletos de habitantes de lejanas galaxias.

Pero no, él no se convertiría en un esqueleto abandonado en aquel valle mortal. Buscó una ruta de escape y la dibujó en su mente. Su largo entrenamiento lo había preparado para estos casos. Preparó una carga explosiva y la plantó en lo que parecía ser el corazón de la bestia. Acto seguido avanzó guiado por el mapa mental que había bosquejado y evitando hacer mucho ruido para no ser descubierto.

¿Qué sería del resto de su batallón? ¿acaso algunos de ellos habían sido devorados? ¿debería buscar las insignias de ellos para llevárselas a sus familias? Pero, ¿cómo? era inmenso el estómago de la bestia y él no lograba distinguir una cosa de otra.

Elevó una plegaria por sus amigos caídos en combate, o, mejor dicho, porque no hubieran caído y estuvieran luchando desde fuera, esperando por él. El ruido volvió, aunque esta vez era distinto, menos fuerte, pero más cíclico, como quien carga una ronda de balas y las dispara a discreción.

¡Quién vive!, se escuchó gritar cuando vio un par de tenazas acercarse hacia él, quizá era un mecanismo de defensa de la Bestia, preparó su fusil y aguardó a tenerlas más cerca para contraatacar. Fijó el blanco y contuvo la respiración, jamás reparó en las que venían por sus 6...

-Listo señora, este soldadito de juguete estaba obstruyendo el sistema de impresión, debe tener más precaución.
-Mira mamá! es el coronel Travel. Ha regresado de su misión a las entrañas de la Bestia. Lo debo condecorar!!!



sábado, 17 de septiembre de 2016

Memoria y palabra

Cuando una persona actúa de forma errática y sin aparente sentido de acción, sin un rumbo planeado, se dice de ella que "ha perdido la cabeza".
¿Hace cuánto nuestra sociedad perdió la cabeza? ¿O es que nunca ha logrado definir un norte, un sentido, un rumbo y coordenadas hacia el cual dirigir su nave y esfuerzos?

Es 2015 y Aylan Kurdi y miles de niños sirios abandonan su tierra natal buscando vida, o, mejor dicho, huyendo de una muerte segura en su patria... para hallarla en el mar que sabía a libertad. No todos hallan vida al final del improvisado viaje. Alan fue uno de ellos.
Ana Frank se escondía entre los muros de una casa con la esperanza de que soldados nazis no la hallasen, ni a su familia. Dos años de silencio y angustiante espera eran su razón de ser, aunque ansiaba la libertad de cualquier niño, la de escribir una historia, la de vivir en paz. Al final, la paz no llegó a tiempo y su vida se extinguió en las lúgubres paredes de un campo de concentración entre febrero y marzo de 1945.
Yoon Deok-so salió despavorido, una mañana de diciembre de 1950, de su natal Hungnam en compañía de su padre, madre y 3 hermanos menores. En el intento por abordar un barco que los alejara de una muerte segura, su hermana menor se extravía y su padre vuelve a buscarla entre el atropellado tumulto de koreanos huyendo del ejército chino que retoma el poder y evita el avance de USA. Años más tarde hallará a su hermana extraviada, pero no volverá a ver a su padre.
Es 8 de junio de 1972 y Kim Phuc se convertirá en símbolo de un guerra cruel y sin sentido, como acaso son todas las guerras. Desnuda huye del fuego, con la piel ardiendo bajo el efecto del napalm con que Vietnam hiere a Vietnam, porque esta guerra es como toda guerra, sin dueño y sin razones ni lógica. Kim sobrevive a esa horrible mañana pero su cuerpo recuerda, cada día, el dolor de ser una niña vietnamita en el lugar equivocado... de la historia.

Y son cientos y miles, o acaso millones los nombres que podrían seguir desfilando, contando historias o callándolas. Porque cuando no se puede ser niño, ser libre, jugar y saltar, correr y leer, aprender a contar, a sumar y a multiplicar... algo, o mucho, de la historia se muere en silencio. Estos nombres que conocemos a medias o no hemos escuchado jamás son gritos y golpes, son cantos de vida, una especie de estrella fugaz en la oscura noche de la humanidad, esa noche que no hemos aprendido a iluminar desde que logramos dominar el arte del fuego.

Y es que ese arte, en manos equivocadas, ha sido precisamente el origen de tanta muerte, tanto odio y tanto miedo. El adulto, en medio de una guerra, del caos, de la muerte rondando, silbando como bala, rugiendo como misil, puede negar su miedo, puede actuar con coraje y por supervivencia vencer su instinto de temer y buscar una salida, pero, un niño indefenso, ¿puede acaso no sentir temor ante el agujero negro que implica ver la vida irse en hilos de sangre, en explosiones de dolor, en gritos desgarradores o en gemidos ahogados en el mar?

Lo que se nombra existe, es recuerdo, memorial y presencia.

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Ah! cuan rápido pasan las noticias en la TV, cuan pronto cambian las tendencias en redes sociales y saltamos del dolor abrumador de ver el rostro de niños heridos, mutilados, muertos... a la risa fácil de un chiste tonto o a la alegría fugaz de un nuevo juguete virtual...

Y esos rostros se nos quedan en el pasado, en el olvido, en la nada, en el like que nada cambia, en un post como este!

Lo que se nombra existe, es recuerdo, memorial y presencia.

Por eso la palabra nos define como sociedad, por eso dividimos la prehistoria de la historia, cuando logramos dominar la palabra y darle sentido, perennidad y existencia.

Por ello la palabra es capaz de evocar sentimientos, recuerdos, aficiones, sueños, fracasos, dolor, es capaz de provocar miedo, angustia, alegría, paz, esperanza... porque nos define como seres con capacidad de memoria y de futuro.

Aylan, Ana, Deok-so, Kim son nombres, palabras de idiomas distintos, de momentos diferentes de la historia, de costumbres que nos son ajenas y sin embargo, nos duelen, porque la historia humana es una, como uno es el arco iris con sus variados colores, porque una es la barca en que navegamos hacia un universo cada segundo más grande, cada vez más inexplicable.

¿Qué elemento le ganará la batalla al tiempo y se convertirá en nuestra huella histórica? ¿Acaso la forma en que usamos el fuego para marcar al otro y dominarlo? ¿O quizá la capacidad de usar la palabra para, respetando y valorando las diferencias que tenemos, construir un mejor mañana, una memoria menos dolorosa que la que hemos escrito hasta hoy?

¿Qué nos puede dar la guerra que no nos pueda regalar la Paz?

sábado, 27 de agosto de 2016

Incendiario...


Vengo entero a decirte que te extraño,
Que ha pasado tanto tiempo
Que la estrella que nombramos con tus dudas,
Ahora es incierto agujero negro.

Vengo sobrio a decirte que te puedo
Pero en mi querer no mando.
Y aunque debiera, debo o deba
Olvidarte no es la apuesta que me .juego.

Incendiario vengo a ti,
Al rincón que amabas, taciturna…
A enfriar el rescoldo que me arde
Y que tiene en tu silencio
La perfecta excusa para hacer memoria,

Para quemarlo todo y verte renacer Fénix desnuda.

sábado, 13 de agosto de 2016

Soy de ellos, siendo perdidamente yo...

Tengo un par de razones para vivir,
la vida misma que me deja estar aquí
y el deseo innato de no dejar de existir.

Tengo respeto por la muerte y su misterio,
por la puerta que se abre cuando los ojos se cierran, para siempre,
a esto que llamamos vida y es solo aprender a morir.

Tengo miedo a ser cometa que se enreda con un árbol
y no aprendió a volar en cielo abierto,
intentando dominar los vientos fuertes
y las ganas de subir sin techo alguno.

Tengo sed de que mis raíces se hallen firmes
para cuando la tempestad arrecie,
cuando en medio de la noche ruge el viento
y la ceguera se vuelve terror.

Y la muerte no es mi miedo mayor,
y es que tengo solo dos manos y tres corazones que quiero cuidar,
incluso y a costa del mío, incluso y a pesar de mis temores,
incluso cuando mientras laten me roba el hálito por un segundo que me sabe a eternidad.

Y soy solo un ser humano,
polvo y ceniza que vieren volar.
Cometa con raíces,
árbol que bebe del mundo y no se quiere ahogar.

Soy mi yo frente al espejo y sus miradas fijas en mi,
soy caldero atravesando el fuego de la vida
y semilla entre la nieve que se niega a sucumbir...
Y sus miradas son el fuego cuando el invierno arrecia intenso,
Y son sus ojos, y el amor que traen dentro, el viento fresco que me devuelve la respiración.

Soy mi yo frente al espejo, siendo de ellos.
Soy de ellos, siendo perdidamente yo...

viernes, 1 de julio de 2016

9 almas y un adiós...

¿Qué es del alma cuando el cuerpo del ser amado no aparece?, ¿cuando un río se lo llevó y con él la vida de quienes lo aman? Así, en presente, porque aunque el ser amado desaparece en el tiempo, el amor no sabe de pasado ni de olvido ni de consuelo fácil, se le sigue amando... El amor se vuelve vacío y el alma arde por consuelo, por presencia y por abrazar, una última vez, a quien le diste la vida, a ese niño pequeño que un accidente te arrebató y no has vuelto a ver.

Ángel, Alma libre que busca un lugar entre las estrellas, esas luces que lejanas nos inspiran a mirar hacia lo alto, a soñar con una vida más allá de la vida, a saborear la eternidad entre las amargas lágrimas de un adiós colgado del tiempo. Alma libre en busca de su creador mientras extraña el beso de papá y mamá.

9 sueños que un río se llevó, 9 nombres que saben a eternidad. 9 almas con sed de vida, que se durmieron camino de la escuela, del jolgorio, de las risas y las letras, de los números hechos canción, del desayuno escolar y de las travesuras que a diario eran como aventuras de superhéroes. 9 niños que vamos a extrañar.

Que la vida les alcance donde estén Ameli, Noemí, Daniel, Eduardo, Neymar, Diana, Baruc, Estefanía y Sylvana. Que sus familias hallen paz.

Allá, en lo alto, el 15 de junio nació una nueva constelación que apunta a El Chaco.

martes, 28 de junio de 2016

¿Cómo gobierna (debe gobernar) una mujer?

El domingo 26 de junio una gran parte de América y España se quedaba colgada del capítulo final de una serie sobre reyes, castillos, dragones, magia, muerte y fuego. "Juego de Tronos" cerraba su sexta temporada y deja dudas y preguntas sobre el desenlace de la serie con la probabilidad de que los 7 reinos sean dominados por una mujer, una de las dos reinas gobernantes: Cersei o Daenerys.



Debido a las elecciones impuestas sobre su vida por el patriarcado del poder que la rodea, Cersei menosprecia a las mujeres pues las cree débiles e incapaces de gobernar, excepto ella, claro está, ella tiene la inteligencia y las armas para hacerlo. Narcisista y ambiciosa, ha heredado de su padre, y su ambiente, la capacidad de destruir al otro para alcanzar lo que quiere, mentir, engañar, usurpar y tomar todo del otro, incluso su vida. Cuida de su entorno familiar muy cercano, castiga con inusual furor a quienes la contradicen, incluso si es su hermano Tyrion, a quien no quiere mucho que digamos, Pero, a la vez, es capaz de esconder en su corazón el amor más profundo por sus 3 hijos y su hermano-amante y armar, alrededor de ellos; un plan: alcanzar poder y hacer lo que sea necesario para mantenerlo bajo control en su círculo familiar inmediato. Sevicia y violencia marcan su acción, su gobierno y someten a sus coterráneos de King´s Landing, atemorizando a cualquiera que quiera "usurpar" el poder de quien lo merece por herencia y bendición de los dioses: los antiguos y los nuevos, o las armas, que al final da igual. Tras varias luchas internas y malos resultados de sus planes, se ha quedado sola, sentada en el Trono de Hierro, dispuesta a gobernar con el tradicional lema de su familia "Un Lannister siempre paga sus deudas" y las cobra, con intereses muy altos, también, sino que se lo pregunten a sus enemigos.


Desde el otro lado del mar, al frente de una flota de navíos reunidos por varios aportantes, Daenerys de la casa Targaryen viene a reclamar el trono que le pertenece, ese que Cersei no quiere soltar. Emigrante exiliada desde niña, la adolescente rubia hija del Rey Loco ha superado su fragilidad y dependencia tras vencer en varios encuentros con el fuego: el de la pira de su esposo y su pasado que la convirtió en Madre de Dragones y el incendio que acabó con un sistema patriarcal de dominación de los Khalasar Dothraki. Rompedora de Cadenas, capaz de luchar contra cualquier sistema que le parece injusto e inhumano, podríamos decir, sueña con un sistema de gobierno que libere a los pueblos y les de sostenibilidad en libertad. Cuando abandona Meereen, la ciudad que la fortaleció como gobernante, deja a cargo a una persona de confianza para guiarla. Cuando fue traicionada supo juzgar al agresor y aunque mucho le doliera ha renunciado a sus mejores amigos o amantes para que su nombre siga siendo respetable. Dejó de ser una niña frágil y se convirtió en una mujer fuerte, conquistadora valiente y segura de sí misma. Su conquista, aunque cruenta y respaldada por tres dragones capaces de quemarlo todo, lleva el sello de la compasión, respetada por sus seguidores y amada por sus más fieles y cercanos compañeros de batalla. Para esta última guerra se ha aliado abiertamente con quienes la necesitan para recuperar sus castillos y posesiones. Inicio su camino bajo la sombra de su hermano urgidos por recuperar el Trono de Hierro, en el camino a ese trono aprendió a liderar, a escuchar, a perdonar y a juzgar.


¿A cuál de las reinas se debe parecer una mujer cuando gobierna?

jueves, 28 de abril de 2016

No te me rompas Ecuador

Tiembla la tierra a 7.8
Y golpea a cien mil almas con furor,
grita la noche desnuda, sin sosiego,
Sufre mi gente, clama en su dolor...

Duele, la vida a oscuras duele!
Duelen las voces apagadas sin razón
duelen los sueños aplastados
entre los hierros retorcidos, el absurdo y la desesperación

No te me rompas Ecuador,
que ya amanece pronto
y curaremos tu dolor

No te derrumbes Ecuador
que hay millones de almas libres
que te aman y te van a levantar.

Y aunque la tierra tiemble
y los edificios se derrumben
Aunque algunos sueños se trunquen
nos volveremos a levantar.

Por cada corazón que luche
por cada par de manos que ayudan
por cada sonrisa que vence al miedo
Ecuador, arrecho, no se deja derrumbar..


sábado, 23 de abril de 2016

Un terremoto... de amor

En una nota de voz de casi 15 minutos, una amiga de Manta, 4 días después, me contó cómo vivió la tragedia que el sábado 16 de abril a partir de las 18:58 enlutó a todo un país, mi país, Ecuador.

42 segundos cambiaron la vida de más de 14 millones de personas de un pequeño país en el centro del mundo. Un punto subterráneo se rompió y sacudió la tierra bajo los pies de personas que estaban viviendo su noche de sábado, aprestándose a ir al templo de su fe a dedicarle una oración al dador de la vida, preparándose para ir de farra con las amigas y amigos, sentados frente a la TV haciendo zapping...

Y 42 segundos fueron suficientes para llevarse a cientos a otro lugar, porque entre los escombros y la oscuridad sus vidas fueron segadas, se apagaron entre un lamento, una oración surgida del pánico y la fe, mientas otros, entre la desesperación y el miedo, corrían lejos de todo lo que caía, buscando salvar su vida y la de los suyos.

"... Y no paraba ese infierno, queríamos salir corriendo y la tierra no nos dejaba... nos miramos a los ojos, nos abrazamos y esperamos nuestra muerte..."

Su voz entrecortada, temblorosa, ahogada por el miedo, acribillada de terror recuerda el aciago momento, el deseo de salir corriendo y no poder, de buscar lugar seguro y saber que no lo había, la angustia de no haber vivido lo suficiente, de probar la sed por tener un poco más de tiempo, para vivir a los suyos, para hacer real el milagro de ser madre y que un niño te diga "mamá". 42 segundos fueron suficientes para ver la vida entera pasar y sufrir un futuro que se podía quedar bajo los escombros del que ha sido por más de 20 años su hogar. "Mi mamita, desde el patio me gritaba, me llamaba que saliera que todo se estaba cayendo... Y yo no podía. Bajo el umbral de la puerta abrazada a él rogaba que ya pare y escuchaba como todo caía a mi alrededor..." ¿A dónde huyes cuando no hay salida? Tu mente te lleva a los momentos felices que tuviste y a los que quisieras vivir... "Intentábamos salir y la onda de esa pendejada nos echaba hacia atrás... Mi papi tampoco pudo salir del piso de arriba, le pasó lo mismo".

43 segundos después, terror por doquier, entre la oscuridad de la noche y el llanto de la gente, se escuchaban caer las paredes de los vecinos, los gritos y la angustia, nombres que el viento transportaba tratando de ubicar a los hijos, a la madre, a los amigos... Nombres que nos duelen al hacer recuento del desastre. Nombres que nos empujan a ayudar, que nos duelen como propios.

"...nosotros fuimos bendecidos porque literalmente no nos pasó nada, más allá del susto y el terror vividos, no nos pasó nada... Pero cómo duele enterarte de quienes lo perdieron todo, empezando por sus seres queridos..."  

Y ahora empieza la tarea de reconstruirlo todo: 
la confianza en la tierra que pisas a diario, 
la confianza en la vida que vives de milagro
la confianza en la gente que te rodea y que te ayudó cuando todo se caía en pedazos
la confianza en que el amor no te suelta nunca cuando es de verdad
la confianza en la patria en la que no elegiste nacer pero que te abraza desde cada rincón y te ayudará a reconstruir lo que una noche de abril, un sacudón de la Pacha Mamá, te quitó.

Volveremos a sonreír. 

A vivir!



miércoles, 2 de marzo de 2016

El viaje de Sebas...

Qué bueno era poder dormir hasta 5 minutos antes de emprender un viaje de 15.000 km y saber qué llegarás 4 minutos antes a la reunión, allá, del otro lado del mundo.
Aún así, Sebas sabía que su juego de luchar contra el tiempo y el despertador, en algún momento, le costarían una fuerte suma como multa por llegar tarde. ¿Excusas? no se aceptaban. Y como no descubriera una forma de doblar el tiempo, al estilo Einstein, y usar un agujero de gusano para viajar en el tiempo, pues...

Todavía recordaba los viejos aeropuertos, esas moles de acero y aluminio surcando el firmamento a velocidades “increíbles”, no podía olvidar que cada vez que iba a subir a un Airbus encendía su viejo LED, unas horas antes, para ver esos accidentes aviatorios explicados al detalle por Discovery y pensar en poder aterrizar un avión en caso de que al piloto se le soltara un cable en el cerebro, aún cuando no había querido aprender a manejar ni la bicicleta, por temor al vértigo.

Y se vuelve a reír mientras su vestimenta de nanofibras se encarga de la ducha tempranera. Cuánto añoraba el agua tibia en la ducha, agua, ese tesoro que ya casi nadie poseía en cantidades libres.

Antes de presionar el botón de “viaje programado” repasa sus líneas en inglés, japonés, chino y aurobio, ese loco idioma usado por los empresarios para explicar sus conceptos de mercado. Total, el implante del administrador de multilenguaje no le había salido tan caro. 

Sonríe al recordar que la planta productora de ellos y la patente UNIVERSAL le pertenecía. Había que lidiar con los “inventores de bajo presupuesto” que desarmaban los equipos de alta tecnología y luego les hacían réplicas “exactas” con materiales 100 veces mas baratos, pero inigualablemente menos durables.

Ja! Una cosa era comprar un iMind a mitad de precio de un productor “independiente”, otra meterte un chip en el cerebro que tenía residuos de plomo y cobre, había que estar loco… 

RAYOS! T-2m. Toma su comunicador móvil, la tarjeta de acceso y los coloca en el área de carga del transportador UNIV02.
Ajusta su respiración a la recomendada por el impulsador de partículas y, listo, a comer kilómetros a la velocidad de la luz.

Una vez más, a tiempo y sin tener que hacer escala en ningún sitio.

domingo, 10 de mayo de 2015

Mama!!!

Con el tiempo uno va amando aquello que le es más simple pero necesario. Se olvida de los brillos y las trampas de la gloria. Se olvida de ser el primero y se esfuerza por ser el mejor.
Con el tiempo uno vuelve a ser el niño que soluciona todo en el abrazo de su madre.

Con el tiempo uno comprende que el amor que ella nos entrega no se compra ni se vende, no se compara con nada.

Con el tiempo recuerdas que tu madre te pedía muchas cosas pero te enseñaba una sola: ser todo un caballero y así vivir a diario.

Con el tiempo encuentras a una mujer que contigo se vuelve madre y entonces compartes la tarea inmensa de educar a los nuevos héroes verdaderos de mañana.

Gracias madre mía por sembrar en nosotros la semilla de los sueños realizables y de las batallas que no debemos perder por nada.
Dios te bendiga y nos bendiga con tu presencia mucho tiempo más.