... se enfocan las cámaras mientras va entrando el comediante de todos los sábados, el del mismo horario, el del mismo discurso, el de los mismos chistes, el de las mismas mentiras de cada programa...
Y es que su filosofía cuenta con que una mentira, repetida mil veces, en su programa de variedades, se convierta en verdad defendible con AK-47 de ser necesario.
Desde su púlpito pseudo académico defiende la necesidad de evaporar el dinero físico y volverlo electrónico, para darle movilidad y rapidez de transacción, dice... para que genere mayor cantidad de transacciones y conceda utilidad a varias manos en el menor tiempo posible y sin costos adicionales y sin desgaste del papel moneda, claro está.
¿Rapidez de transacción? ¿La misma rapidez con que su lerdo sistema de pagos a proveedores de bienes y servicios se mueve? No logro imaginar lo rápido que puede moverse la maquinaria de pagos del gobierno con dinero electrónico, si con dinero físico, que en este momento no tiene, arrastra pagos a gobiernos seccionales y a proveedores durante meses y hasta años! Y es que el problema de la rapidez no viene dado por el movimiento físico que la transacción requiere sino por la incapacidad de mover la máquina estatal de pagos sin que fluya el sagrado aceite de la coima, esa ley de usufructo con el trabajo ajeno, la que quiebra a emprendedores y Pymes y engorda cuentas de gerentes, ministros y altos mandos gubernamentales. ¿Más rapidez que la actual? ¿a qué costo? NO GRACIAS!
¿Para generar mayor cantidad de transacciones en menor tiempo y sin desgaste del papel moneda? Claro, como si eso fuese lo que les interesa. De ser así, la asquerosa máquina extorsionadora de la contratación pública hace rato habría buscado mecanismos reales de contratación directa sin intervención del "jefe" de turno que decide, cual emperador romano, quién es el beneficiario de turno, casi siempre el mismo: el amigo del amigo del jefe que decide.
Democratización de la riqueza le dicen, y me nace una carcajada sonora allá abajo donde el odio se mezcla con asco. Porque somos testigos amordazados de la maquinaria gubernamental de pagos, esa que sin aceite no se mueve, esa que sin padrinos ni rechina siquiera, en su ademán de movilizar el uso del dinero y generar riqueza a una sociedad en crisis y endeudada.
Porque una deuda impaga durante 6 u 8 meses genera una pérdida cercana al 2% mensual, un capital ahogado en el fondo del mar de la mediocridad, una suerte de cadáver sin óbolo que ofrecerle a Caronte para seguir navegando hacia el Hades tributario.
Y en su afán de brillar cual actor de pantalla grande hace ademán de mirar al horizonte de un país "potencia mundial", ejemplo de desarrollo humano y de honradez y pulcritud en el uso de los fondos públicos.
Y quizá su mente divaga y recuerda la farra de la noche anterior y los lujosos agradecimientos que esconde tener tanto poder y usarlo tan bien!!!
Y su sonrisa burlona se camufla en la comparación de la patria inexistente cuando gobernaba algún aniñado, pelucón de universidad pagada, con la que administra él... pero esconde la verdadera razón de la risa: ver a un pueblo ávido de mentiras, de verdades camufladas de promesas incumplidas; del pasado antes del pasado, del ayer antes del ayer en que él asumió la tarea de administrar las arcas de esa patria que hoy flota sobre barriles de crudo prevendido en un mar sin norte, sin brújula ni horizonte, sin futuro ni esperanza porque la secuestró él.
No hay dinero que hacer rotar en las manos del pueblo, porque el único dinero que el pueblo hace rotar es el que va a las arcas del estado en forma de tributos para seguir pagando el reality de variedades con personajes fingidos, con verdades a medias y con público pagado para delirar cuando le digan.
...menos mal canta el gallo y me despierto de esa pesadilla recurrente, tan sombría como hiriente...
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lunes, 12 de septiembre de 2016
miércoles, 13 de abril de 2016
El presidente invisible...
La última vez que lo vieron
sonreír en cámara fue cuando se ciñó la banda que le otorgaba poder sobre la Constitución.
A diferencia de su antecesor y aunque la ciudadanía pedía que la quemara ipso facto, decidió volver a darle
equilibrio y estabilidad a su pueblo golpeado, adolorido, vejado por años. Juró
su poder sobre la constitución por la
que una gran mayoría votó. Y, aunque habría que hacerle muchos cambios, decidió
devolverle a la institucionalidad el respeto que se merece. Porque la historia
como cualquier actividad humana se construye sobre el respeto.
Había crecido tanto el
descontento por la figura del político que aparecía en todo canal, a toda hora,
para repetir siempre lo mismo, que incluso, él mismo, estaba harto de ser
político. Y su compromiso era dejar ese pasado en el congelador, colocar en
terapia intensiva a la debilitada economía, invertir en la salud de su gente y
sembrar dólares para cosechar progreso.
A diferencia del pasado y con el
ánimo de que la confianza se fortalezca entre los vecinos locales y los
extranjeros, pero no extraños, promovió un PARE urgente en esa tarea idiota de
extraer dólares del subsuelo y echarlos a volar en aviones lejos del suelo
patrio para depositarlos en arcas con hedor a corrupción y podredumbre, a promesas
vanas y a mentiras cantadas como himno patrio.
No quería slogans nuevos, le molestaba el solo hecho de andarlo diciendo todo
en verso y cerrar un discurso con el puño en alto vociferando palabras de un
asesino serial del pasado oscuro de su querida América Latina. Y es que él
nunca había llegado a tragarse el cuento de que aquel médico que mataba gente
sin juicio ni reparo moral podía ser admirado por andar de boina y tabaco.
Y es que la revolución que hace
mucha bulla es la que algo esconde y, por lo general, suelen ser gritos de
angustia, dolor y miedo del pueblo que la sufre en carne propia. En huesos en
realidad, porque no hay alimento, y en casos cercanos ni medicinas.
Y pasó la constitución por una
cernidera de valores, escogió mejor a la gente que lo rodea, gente honesta que
no le mienta, gente de barrio, pies de polvo y manos con callos. Gente que sabe
lo que sufre la gente para llegar a fin de mes. Y es que sembrar desarrollo
sólo es posible desde quien sabe sembrar, porque el ingeniero puede saber mucho
de ciencia pero no sabe sembrar.
Y pasaron 100 días, 500 y llegó a
los 1000 de su gobierno y ya casi nadie recordaba su rostro sonriendo, pocas
fotos en los diarios y menos horas de TV, el presidente se volvió invisible
pero en la calle, la gente caminaba con calma, el miedo había emigrado, la confianza
volvió a invertir en suelo patrio y muchos recordaban el nombre del presidente
y en silencio le agradecían que se haya vuelto tan invisible.
viernes, 2 de octubre de 2015
La ética del servidor público y sus formas de sanción ciudadana
La
democracia como poder ejercido desde el pueblo sigue siendo una tarea pendiente
en la mayoría de países que se autodenominan como democráticos. El ejercicio
del poder democrático como capacidad del pueblo para exigir, de forma
permanente, un trabajo eficiente, eficaz, honorable, honesto y responsable de
sus representantes elegidos en votación popular, sigue dejando mucho que
desear.
Y es
que, desde el punto de vista ético en la actuación del servidor público, tanto
del elegido por votación como del que hace carrera burocrática, los códigos de
actuación siguen siendo difusos. Ecuador tiene vigente un “código de ética para
el buen vivir” y su constitución prevé castigos administrativos para los
diferentes niveles de gobierno y servicio público, llegando incluso a la
destitución en casos de corrupción o incumplimiento de obligaciones que atenten
contra la calidad de vida de la ciudadanía. Sin embargo, la creación de leyes y
reglamentos no ha devenido en un mayor compromiso personal profundo con el
ejercicio del servicio público como una tarea con un marco ético y de
responsabilidad implícita.
La
institucionalidad del servicio público se vive como un mecanismo de
aseguramiento personal de la calidad de vida propia a corto o largo plazo,
según sea por votación o carrera burocrática, respectivamente. El poder de
turno se rodea de personal de “confianza” y crea, sobre el estado, una red de
influencia y de control de la sociedad, las leyes, la promulgación y veto de
las mismas, de la información libre y del control del descontento social y de
la protesta ciudadana.
La
normativa existente no es exhaustiva en la tipificación de las múltiples formas
que encuentra el poder para utilizar, de forma inadecuada y hasta perversa, los
recursos estatales en beneficio propio y del círculo de poder vigente. La falta
de independencia de poderes es, sin duda, el mayor problema que una nación
democrática debe enfrentar. O, dicho de otro modo, el mayor problema que la
ciudadanía libre encuentra para ejercer su control democrático sobre la
actuación del servidor público.
Si
quien califica un recurso de revisión de actuación de algún empleado público
presentado por la ciudadanía fue elegido por el poder apadrinador, con toda
seguridad, el “compromiso íntimo del poder” pesará más que la exigencia ética
de buscar el bien común de la sociedad, al que se deben, en última instancia
todos.
La
naturaleza de los actos de malversación de recursos estatales de toda índole y
de fondos públicos debería ser la fuente de la categorización de las penas a
imponerse al servidor público. La gravedad del acto debe analizarse desde el
punto de vista de la afectación a la ciudadanía, el daño a la imagen del
servicio público que prestaba el servidor y a la cuantificación de recursos
desviados, subutilizados, malversados o desaparecidos durante el inadecuado
comportamiento en cuestión.
No
hace falta, a mi parecer, que la ciudadanía deba enterarse siempre del acto
juzgado y el resultado sancionatorio del mismo. El servidor público si bien se
debe a la ciudadanía y a la dignidad de
su cargo, se mueve también en un círculo familiar y social que puede castigar,
en exceso, su comportamiento inadecuado, afectando a la familia del servidor
que nada tiene que ver, la mayoría de las veces. Eso sí, los actos de gravedad
alta y extrema deberán ser informados a la ciudadanía en aras de crear un
precedente moral y social de que el crimen cometido tiene sus repercusiones y
se debe evitar cometer nuevamente.
La
rendición de cuentas como un acto administrativo permanente puede servir, a su
vez, como herramienta de control de la actuación del servidor público. Al
acceder la ciudadanía a los procesos y resultados de la gestión encomendada,
los desvíos en la ejecución de las tareas serán verificables y corregibles sin
necesidad, incluso, de llegar a sanciones administrativas y peor aún, penales.
Partimos, por supuesto, de la presunción de inocencia del empleado y de la
buena fe con que enfrenta su trabajo diario. Sobre esa base, analizar la
gestión se convierte en un equilibrio entre la parte humana del servidor y sus
tareas técnicas y especialidades propias.
El
conjunto de valores subyacentes al servicio público, muchas veces, es desconocido
por el personal que labora o, conociéndolo, no lo han integrado en su
currículum vital y menos aún en su moralidad activa. Y, aunque la ignorancia de
la norma no salva del castigo por el cometimiento de irregularidades, es deber
de la entidad educar a sus servidores y promover, entre ellos, la asunción del
buen hábito del servicio público de calidad. Durante el proceso educativo de
todo profesional, la evaluación es el punto de inflexión del desarrollo de sus
capacidades cognitivas y prácticas para el futuro ejercicio de su profesión.
¿Por qué abandonar esa buena costumbre una vez que empezamos a ejercer nuestras
labores cotidianas? ¿Por qué hemos reducido la rendición de cuentas a las cifras y los porcentajes en
el cumplimiento de las tareas previstas? Las cifras siempre serán maquillables, las actitudes y la calidad
del servicio difícilmente.
La
capacidad sancionadora del voto ciudadano pierde eficacia, en cuanto castigo,
cuando de burocracia se trata. No tiene validez ni efectividad pues, por lo
general o la autoridad desoye al pueblo o cambia de tarea al empleado y, con
ello, en lugar de arreglar el problema, lo extiende. De este hecho surge la
necesidad de diferenciar en el código de actuación y en la reglamentación de
sanciones, el accionar del servidor público de carrera burocrática del de
elección popular.
Concluyendo.
La capacidad evaluadora de la ciudadanía hacia sus servidores públicos debe
fortalecerse en el ámbito del ejercicio de la democracia plena contando como
requisitos con una información libre, una rendición de cuentas permanente que
abarque las actuaciones y no sólo las cifras, la apertura de la entidad en su
área de innovación ética a las denuncias presentadas y un reglamento claro y
minucioso de todos los aspectos verificables.
El
área de innovación ética debe convertirse en la punta de lanza de ese nuevo
servicio ciudadano que rompe el esquema de ocultamiento de información, debe
evitar ser un arma de venganza coyuntural y procurar desarrollar en todos los
servidores la ética positiva que no está a la cacería de los errores sino
atenta a ponderar y exaltar el mejoramiento del servicio tanto particular como
institucional.
En
cuanto a las autoridades elegidas, creo necesario, la firma de un contrato,
convenio o compromiso de servicio ciudadano en el marco de las leyes vigentes.
El mismo debe contemplar claramente la necesidad de atender en primera y última
instancia, con objetividad, a los intereses generales del conglomerado a quien
sirve la autoridad. De ese compromiso firmado surge el mecanismo de control
ciudadano sobre la gestión de la autoridad, la defensa de la dignidad del cargo
ostentado y la ética en el cumplimiento del deber asumido.
Si
el servidor, en el uso del poder otorgado, pretende acallar la voz y el derecho
ciudadano de vigilar su labor y sancionar sus desvíos, usando precisamente el
poder y los recursos asignados para su tarea, será momento para que la ciudadanía
en ejercicio de su democracia efectiva le retire al servidor el poder otorgado
y lo sancione con el despido inmediato. No es un golpe de estado, es el
finiquito del compromiso contractual por incumplimiento de una de las partes.
Sancionar
en el camino las actuaciones fuera de la ley del servidor permitirá que, al
volver a elegir, la memoria ciudadana no haya olvidado los desvíos y errores
cometidos y evalué, en profundidad, la idoneidad personal del candidato para el
cumplimiento del cargo en cuestión u otro de servicio público.
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